es-Capítulo 27 - El más allá

El conocimiento necesario de la vida espiritual
1. Qué ignorantes en cuanto a las enseñanzas espirituales encuentro a los hombres de hoy. La razón de ello es que se les ha presentado mi Ley y mi Enseñanza únicamente como una doctrina moral que les sirve de ayuda, y no como el camino que conduce a sus almas a la patria perfecta.
2. Las distintas confesiones religiosas han sembrado en el corazón de las personas un temor infundado hacia el conocimiento espiritual, lo que ha provocado que eviten mis revelaciones y se hundan cada vez más en la oscuridad de la ignorancia, alegando como motivo que la vida espiritual es un misterio impenetrable.
3. Quienes afirman esto mienten. Todas las revelaciones que Dios ha dado al hombre desde el principio de la humanidad le han hablado de la vida espiritual. Es cierto que no os había dado toda mi enseñanza, porque aún no estabais capacitados para conocerlo todo, sino que lo haría cuando llegara el momento. Pero lo que el Padre ha revelado hasta hoy os basta para tener un conocimiento completo de la vida espiritual. (25, 38-40)
4. La vida espiritual, anhelada por unos, es temida, negada e incluso ridiculizada por otros; pero os espera a todos inevitablemente. Es el seno que acoge a todos —el brazo que se extiende hacia vosotros— la patria del Espíritu: un misterio insondable incluso para los eruditos. Pero se puede penetrar en mis misterios siempre que la llave que utilicéis para abrir esa puerta sea la del amor. (80, 40)
«Cielo» e «infierno»
5. Los hombres se han imaginado el infierno como un lugar de tormento eterno, adonde, según ellos, van todos aquellos que han infringido mis mandamientos. Y así como crearon este infierno para las faltas graves, imaginaron otro lugar para las faltas menores y también otro para aquellos que no han hecho ni bien ni mal.
6. Quien diga que en el más allá no se goza ni se sufre, no dice la verdad; nadie está exento de sufrimiento, ni carece de alegría. Los sufrimientos y las alegrías siempre estarán entremezclados, mientras el alma no alcance la paz suprema.
7. Escuchad, hijos míos: el infierno está en los encarnados y en los ya desencarnados, en los habitantes de este mundo y del Valle Espiritual. El infierno es el símbolo de los graves sufrimientos, los terribles remordimientos, la desesperación, el dolor y la amargura de quienes han pecado gravemente. Pero se liberarán de estas consecuencias mediante el desarrollo de sus almas hacia el amor.
8. El Cielo, por el contrario, que simboliza la verdadera felicidad y la verdadera paz, es para aquellos que se han apartado de las pasiones del mundo para vivir en comunión con Dios.
9. Interrogad vuestra conciencia y sabréis si vivís en el infierno, si expiáis vuestras faltas o si estáis imbuidos de la paz del cielo.
10. Lo que los hombres llaman cielo o infierno no son lugares determinados, sino el contenido esencial de vuestras obras, que vuestro espíritu cosecha al llegar al «valle espiritual». Cada uno vive su infierno, habita su mundo de expiación o disfruta de la bienaventuranza que otorga la elevación y la armonía con el Espíritu Divino. (11, 51-56)
11. Así como el hombre puede crearse en la Tierra un mundo de paz espiritual, semejante a la paz de mi Reino, también puede, por su depravación, llevar una existencia que es como un infierno de vicios, maldades y remordimientos.
12. También en el más allá, el espíritu puede encontrarse con mundos de tinieblas, de depravación, de odio y de venganza, según la inclinación del alma, su extravío y sus pasiones. Pero en verdad os digo que tanto el cielo como el infierno, de los que los hombres solo se hacen una idea mediante formas e imágenes terrenales, no son más que diferentes etapas de desarrollo del alma: una, debido a su virtud y desarrollo, en la cima de la perfección; la otra, en el abismo de su oscuridad, sus vicios y su ceguera.
13. Para el alma justa, el lugar en que se encuentre es indiferente, pues en todas partes llevará en sí misma la paz y el cielo del Creador. El alma impura y confusa, en cambio, puede encontrarse en el mejor de los mundos, y sentirá en su interior sin cesar el infierno de sus remordimientos, que arderán en ella hasta que la hayan purificado.
14. ¿Creéis que Yo, vuestro Padre, he creado lugares destinados expresamente a castigaros y vengarme así eternamente de vuestras ofensas?
15. ¡Cuán limitados son los hombres que enseñan estas teorías!
16. ¿Cómo es posible que creáis que la oscuridad eterna y el dolor eterno son el final que espera a algunas almas? Aunque hayan pecado, seguirán siendo para siempre hijos de Dios. Si necesitan enseñanza — aquí está el Maestro. Si necesitan amor — aquí está el Padre. Si anhelan el perdón — aquí está el Juez perfecto.
17. Quien nunca intenta buscarme y corregir sus errores, no vendrá a mí. Pero no hay nadie que resista mi justicia o mis pruebas. Solo purificados podéis venir a mí. (52, 31-37)
18. Entre tantas moradas como posee la casa del Padre, no hay ni un solo mundo de tinieblas; en todas está su luz; pero si las almas entran en ellas con los ojos vendados a causa de su ignorancia, ¿cómo podrán entonces contemplar esa gloria?
19. Si aquí en el mundo le preguntáis a un ciego qué ve, os responderá: solo tinieblas. No porque no haya luz del sol, sino porque él no puede verla. (82, 12-13)
20. Os he dicho en este tiempo: no alimentéis la idea que existe entre los hombres sobre el infierno, pues en este mundo no hay mayor infierno que la vida que habéis creado con vuestras guerras y enemistades, y en el más allá no hay otro fuego que los tormentos de la conciencia del alma, cuando la conciencia le presenta sus faltas. (182, 45)
21. Mientras aquellos que, en su fanatismo religioso, esperan en el más allá únicamente el castigo del infierno, se aferren a esa opinión, se crearán su propio infierno, porque la confusión del alma es semejante a la de la mente humana, aunque mucho más intensa.
22. Ahora preguntáis: «Maestro, ¿hay salvación para ellos?». Os digo: hay salvación para todos, pero la paz y la luz solo llegarán a esas almas cuando se disipe la oscuridad del engaño.
23. ¿Alguna vez habéis sentido compasión por un hombre cuya mente confusa le hace ver cosas que no existen? ¡Cuánto mayor sería vuestro dolor si en el más allá vierais a esos seres enloquecidos que contemplan su infierno imaginario! (227, 71)
24. No tembléis ante estas revelaciones; al contrario, regocijaos al pensar que esta palabra destruirá la idea que teníais de un castigo eterno y todas las interpretaciones que en tiempos pasados se os dieron sobre el fuego eterno.
25. El «fuego» es el símbolo del dolor, de la autoacusación y del arrepentimiento que atormentarán al alma y la purificarán, como se purifica el oro en el crisol. En ese dolor está mi voluntad, y en mi voluntad está mi amor por vosotros.
26. Si fuera cierto que es el fuego el que extermina los pecados humanos, entonces todos los cuerpos de quienes han pecado tendrían que ser arrojados al fuego aquí, en la vida terrenal, en la vida, porque muertos ya no lo sentirían. Porque los cuerpos nunca se elevan al Espacio Espiritual — ; al contrario, una vez que han cumplido su tarea, se hunden en el interior de la Tierra, donde se funden con la naturaleza de la que tomaron vida.
27. Pero si creéis que lo que llamáis «fuego eterno» no está destinado al cuerpo, sino al alma, esto es otro grave error, porque en el Reino Espiritual no hay elementos materiales, ni el fuego ejerce efecto alguno sobre el alma. Lo que nace de la materia es materia; lo que nace del espíritu es espíritu.
28. Mi Palabra no desciende para atacar ninguna creencia religiosa. Quien piense así, se equivoca profundamente. Mi Palabra explicará el contenido de todo aquello que no ha sido interpretado correctamente y que, por ello, ha generado errores que se han transmitido entre la humanidad de generación en generación.
29. ¿Qué valor tendrían mi Ley y mi Enseñanza si no fueran capaces de salvar a las almas del error y del pecado? ¿Y qué sentido habría tenido mi presencia como hombre en el mundo si hubiera muchos que tuvieran que perecer para siempre, en una expiación sin fin? (352, 44-48)
30. Algunos se sienten impulsados a hacer buenas obras porque temen que la muerte los sorprenda y que entonces no tengan méritos que ofrecer a su Señor. Otros se apartan del mal, pero solo por miedo a morir en pecado y a tener que soportar un tormento infernal eterno después de esta vida.
31. ¡Cuán desfigurado e imperfecto es este Dios en la forma en que tantos se lo imaginan! ¡Cuán injusto, monstruoso y cruel! Si se reunieran todos los pecados y crímenes que los hombres han cometido, esto no podría compararse con la abominación que significaría el castigo del infierno por toda la eternidad, al que —en su opinión— Dios condena a los hijos que pecan. ¿No os he expuesto que la cualidad suprema de Dios es el amor? ¿No creéis entonces que un tormento eterno sería la negación absoluta de la cualidad divina del amor eterno? (164, 33-34)
32. Creéis que el Cielo es una región en la eternidad y que podéis entrar en él mediante un arrepentimiento sincero de vuestras faltas en la hora de vuestra muerte física, porque confiáis en que en ese momento encontraréis el perdón y seréis conducidos por Mí al Reino de los Cielos. Eso es lo que creéis.
33. Yo, por el contrario, os digo que el cielo no es un lugar concreto, ni una región, ni un hogar. El cielo del alma es su elevado mundo de sentimientos y su perfección, su estado de pureza. ¿De quién depende, pues, que se os permita entrar en el Reino de los Cielos: de Mí, que siempre os he llamado, o de vosotros, que siempre habéis sido sordos?
34. No limitéis más lo infinito, lo divino. ¿No comprendéis que si el cielo fuera como creéis —un hogar determinado, una región o un lugar concreto—, entonces ya no sería infinito? Ha llegado el momento de que comprendáis lo espiritual de una manera más elevada, aunque vuestra imaginación no pueda abarcar toda la realidad. Pero al menos debe acercarse a ella. (146, 68-69)
La música del cielo
35. Habéis oído que los ángeles en el cielo escuchan eternamente el concierto divino. Si reflexionáis sobre este símbolo, guardaos de creer que en el cielo se escuchan piezas musicales similares a las que estáis acostumbrados a oír en la Tierra. Quien piense así ha caído en un completo error del materialismo. En cambio, quien —al oír hablar de la música del cielo y de la bienaventuranza de los ángeles al escucharla— piense en la armonía con Dios en este concierto divino, estará en la verdad.
36. Pero, ¿cómo es que algunos no lo interpretan así, a pesar de que en el alma de cada uno de vosotros reside un tono del Concierto Universal? ¿Cómo es que algunos, al oír esta palabra, no la comprenden, no la sienten o la malinterpretan?
37. Oh, amados hijos, que sois débiles en vuestra capacidad de comprensión, buscad la luz en la oración. Preguntadme en vuestras meditaciones; pues por muy amplias que sean vuestras preguntas, Yo sabré responderos desde la eternidad. Yo, por mi parte, también os haré preguntas, para que entre el Maestro y los discípulos se levante la luz de la verdad.
38. La música celestial es la presencia de Dios en vosotros, y en medio de ese concierto resonará vuestro sonido cuando hayáis alcanzado la verdadera elevación, que es la belleza espiritual. Esta es la música del Cielo y el canto de los ángeles. Cuando lo viváis y lo sintáis así, la verdad resplandecerá en vuestro ser y sentiréis que Dios está en vosotros. La vida os ofrecerá un concierto eterno y divino, y en cada una de sus notas descubriréis una revelación.
39. Aún no habéis percibido los hermosos sonidos en su perfecta armonía —unos dulces, otros poderosos—. Si por casualidad los percibís alguna vez, os parecerán sonidos indefinidos que no podéis unir. No os habéis dado cuenta plenamente de la belleza que encierran. Debéis dejar atrás los sentidos, las pasiones y las sombras del materialismo para poder escuchar el concierto de Dios en vuestra alma. (199, 53-56)
En la casa de mi Padre hay muchas «moradas»
40. Mi obra crece cada vez más, hasta que finalmente todas las almas se unan en cumplimiento de mi Ley y este hogar terrenal se convierta en un mundo de perfección. Los que la habiten en aquel tiempo sentirán mi amor en todo lo creado y se prepararán para vivir en un mundo mejor. Esta Tierra será para vuestra alma solo temporal, partirá en su anhelo de perfeccionamiento hacia otras regiones, otros planos del más allá.
41. Recordad que os dije: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas». Y en este tiempo de mayor desarrollo, en el que comprendéis mejor mis enseñanzas, quiero deciros: «En la casa del Padre hay un número infinito de moradas». No penséis, pues, que al partir de este mundo ya habéis alcanzado la mayor altura espiritual. No, discípulos. Cuando termine vuestra estancia en este planeta, os llevaré a nuevos hogares, y así os guiaré siempre por la infinita escalera de vuestro perfeccionamiento. Confiad en Mí, amadme, y seréis salvados. (317, 30)
42. Es imposible que ya en este mundo podáis haceros una idea de qué es o cómo son mi Reino, el Cielo y la Gloria. Quiero que os contentéis con saber que es un estado de perfección del alma, desde el cual ella vive, siente y comprende la maravillosa vida del Espíritu, que actualmente no podéis ni comprender ni imaginar.
43. Os digo que ni siquiera las almas que viven en planos superiores al que vosotros ocupáis conocen la realidad de esa vida. ¿Sabéis lo que significa vivir «en el seno del Padre»? Solo cuando viváis allí podréis saberlo. Solo un presentimiento indefinido, una débil intuición de ese misterio roza fugazmente vuestro corazón como estímulo en vuestro camino de desarrollo. (76, 28-29)

