es-Capítulo 29 - Purificación y ascensión de las almas en el más allá

Remordimientos, arrepentimiento y autoacusaciones
1. No quiero que vuestra alma se manche, ni que muera en lo que respecta a la verdadera vida. Por eso os castigo con mi justicia cuando os encuentro entregados a los placeres y diversiones nocivos. Vuestra alma debe llegar pura a mi seno, tal como brotó de él.
2. Todos aquellos que dejan su cuerpo en la tierra y se desprenden de este mundo en estado de confusión, al ver mi presencia, que se revela en la luz de la eternidad que ilumina el espíritu, despiertan de su profundo sueño entre lágrimas amargas y en la desesperación de las autoacusaciones. Mientras persista el dolor en el hijo para liberarse de sus sufrimientos, también sufre el padre. (228, 7-8)
3. Los remordimientos y tormentos que provienen de la falta de conocimiento —el sufrimiento por carecer de la espiritualización necesaria para disfrutar de aquella vida—, esto y más está contenido en la expiación de las almas que llegan mancilladas o sin preparación a los umbrales de la vida espiritual.
4. Reconoced que no puedo considerar el pecado, las imperfecciones o la depravación de los hombres como una ofensa infligida al Padre, pues sé que los hombres se infligen el mal a sí mismos. (36, 56)
5. ¡Cuán luminosa sería vuestra vida y cuán grandiosa y orientadora sería vuestra ciencia, si amaseis a vuestros semejantes y hicierais la voluntad de vuestro Padre —si sacrificaseis algo de vuestro libre albedrío y actuaseis conforme a lo que os dicta la conciencia! Vuestra ciencia tocaría entonces lo sobrenatural al traspasar los límites de lo material; pues hasta ahora ni siquiera se ha acercado a esos límites.
6. ¡Qué consternación siente el alma del científico cuando abandona este mundo y finalmente se encuentra ante la verdad divina! Allí, llena de vergüenza, inclina su rostro y suplica que se le perdone su soberbia. Creía saberlo y poderlo todo, negaba que existiera algo que estuviera más allá de su conocimiento o de su comprensión. Pero ahora, ante el Libro de la Vida, ante la obra infinita del Creador, debe reconocer su miseria y envolverse en humildad ante Aquel que es la sabiduría absoluta. (283, 48-49)
7. No temáis que, al llegar al Mundo Espiritual, tengáis que pensar en lo que habéis pecado en la Tierra. Si os dejáis purificar por el dolor y el arrepentimiento brota de vuestro corazón, si lucháis por reparar vuestras faltas, llegaréis dignos y puros a mi presencia, y nadie, ni siquiera vuestra conciencia, se atreverá a mencionar vuestras imperfecciones pasadas.
8. En la patria perfecta hay un lugar para cada alma, que espera en el tiempo o en la eternidad la llegada de su dueño. Por la escalera e e del amor, la misericordia, la fe y los méritos, entraréis uno tras otro en mi reino. (81, 60-61)
La justicia compensatoria
9. Pocos discípulos he tenido en este mundo, y aún menos aquellos que han sido como una imagen del Divino Maestro. En el Valle Espiritual, en cambio, tengo muchos discípulos, pues allí es donde más se progresa en la comprensión de mis enseñanzas. Allí es donde mis hijitos, hambrientos y sedientos de amor, reciben de su Maestro lo que la humanidad les negó. Allí es donde resplandecen por su virtud aquellos que en la Tierra pasaron desapercibidos por su humildad, y donde lloran con tristeza y arrepentimiento aquellos que en este mundo brillaron con luz falsa.
10. En el Más Allá es donde os recibo, como no lo esperabais en la Tierra, cuando entre lágrimas, pero bendiciéndome, expiabais vuestra culpa. No importa que durante el viaje de vuestra vida hayáis tenido un momento de violenta rebelión. Tendré en cuenta que tuvisteis días de gran dolor y que en ellos demostrasteis resignación y bendijisteis mi nombre. También vosotros, dentro de los límites de vuestra pequeñez, habéis vivido algunos Gólgatas, aunque estos hayan sido causados por vuestra desobediencia.
11. Mirad, mediante algunos momentos de fidelidad y amor a Dios, obtenéis tiempos de vida y de gracia en el más allá. Así corresponde mi Amor Eterno al amor efímero del hombre. (22, 27-29)
12. Toda buena acción encuentra su recompensa, que no se recibe en la Tierra, sino en el Más Allá. Pero cuántos desearían disfrutar de esta bienaventuranza ya aquí en la Tierra, sin saber que quien no hace nada por su vida espiritual, al entrar en ella se encontrará sin méritos y su arrepentimiento será entonces grande. (1, 21)
13. Quien anhele los honores y las alabanzas del mundo, que los obtenga aquí; pero serán de corta duración y no le servirán de nada el día en que entre en el mundo espiritual. Quien busque el dinero, que reciba aquí su recompensa, pues era eso lo que ansiaba. Pero cuando llegue la hora en que deba dejarlo todo aquí para incorporarse al más allá, no tendrá el más mínimo derecho a reclamar ninguna recompensa para su alma, aunque crea haber hecho mucho en favor de la caridad.
14. Por el contrario, aquel que siempre ha rechazado los halagos y los favores, que ha amado a sus semejantes con corazón puro y desinteresado y ha rechazado toda recompensa material, que se ha dedicado a sembrar el bien y a quien le ha complacido realizar obras de amor—, ese no pensará en recompensas, pues no vivirá para su propia satisfacción , sino para la de sus semejantes. ¡Cuán grande será su paz y su felicidad cuando se encuentre en el seno de su Señor! (253, 14)
15. Os traigo en este tiempo una enseñanza pura y perfecta, por lo que os digo que al final de vuestra labor diaria solo se os tendrá en cuenta lo que hayáis hecho en la vida con verdadero amor; pues esto demostrará que conocisteis la verdad. (281, 17)
16. No penséis —por el hecho de que en el momento en que realizáis una buena obra no conocéis su valor— que nunca llegaréis a conocer el bien que hicisteis. Os digo que ninguna de vuestras obras quedará sin recompensa.
17. Cuando estéis en el Reino Espiritual, reconoceréis cuántas veces una pequeña obra, aparentemente de poca importancia, fue el comienzo de una cadena de beneficios —una cadena que otros hicieron cada vez más larga, pero que llenará para siempre de satisfacción a quien la inició. (292, 23-24)
18. Os inspiro a adquirir méritos; pero no debe moveros en ello el deseo egoísta de vuestra propia salvación, sino que debéis realizar vuestras obras pensando en vuestros semejantes, pensando en las generaciones venideras, cuyo júbilo será muy grande cuando encuentren el camino allanado por los «Primeros». Entonces vuestra felicidad será ilimitada, porque la alegría y la paz de vuestros hermanos también llegarán a vuestra alma.
19. Cuán diferente es el caso de aquellos que solo buscan su propia salvación y su bienaventuranza; pues cuando lleguen al lugar que se han ganado con sus obras, no podrán tener ni un instante de paz o alegría al contemplar a aquellos a quienes han dejado atrás y que soportan la pesada carga de sus sufrimientos.
20. En verdad os digo que los verdaderos discípulos de esta enseñanza serán justos y puros en sus obras, como su espíritu, que es mi propia luz. (290, 76-77)
21. Si sois humildes, vuestra riqueza espiritual se multiplicará en la vida que os espera. Entonces tendréis la paz que os procura la más bella sensación de vuestra existencia. Y en vuestro espíritu nacerá el anhelo de servir al Padre, siendo un fiel guardián de todo lo creado por Mí, siendo un consuelo para el que sufre y paz para el que no tiene paz. (260, 29)
El ascenso de las almas al Reino de Dios
22. Este es el «Tercer Tiempo», en el que vuestra alma ya en la Tierra puede comenzar a soñar con planos de vida muy elevados y con conocimientos muy grandes. Porque quien se separe de este mundo y lleve ya en su alma el conocimiento de lo que encontrará, así como el desarrollo de sus dones espirituales, atravesará muchos mundos sin detenerse en ellos, hasta llegar a aquel en el que le corresponde morar en virtud de sus méritos.
23. Será plenamente consciente de su estado espiritual y sabrá cumplir su misión dondequiera que se encuentre. Comprenderá el lenguaje del amor, la armonía y la justicia, y será capaz de comunicarse con la claridad del lenguaje espiritual, que es el pensamiento. No habrá para él escollos, ni turbaciones, ni lágrimas, y experimentará cada vez más el inmenso gozo de acercarse a los hogares que le pertenecen, porque le corresponden como herencia eterna. (294, 55)
24. En la divina escalera celestial hay un número infinito de seres cuya perfección anímica les permite ocupar distintos peldaños, según el grado de desarrollo que hayan alcanzado. Vuestra alma fue creada con las cualidades adecuadas para desarrollarse en esta escalera de perfeccionamiento y llegar hasta la meta fijada en los altos designios del Creador.
25. No conocéis el destino de esas almas, pero os digo que es perfecto, como todo lo que Yo he creado.
26. Aún no comprendéis los dones que el Padre os ha concedido. Pero no os preocupéis, pues más adelante tomaréis conciencia de ellos y experimentaréis cómo se revelan plenamente.
27. El número infinito de almas que, como vosotros, habitan en distintos planos de vida, están unidas entre sí por un poder superior, que es el del amor. Fueron creadas para la lucha, para su evolución superior, no para el estancamiento. Aquellos que han cumplido mis mandamientos se han hecho grandes en el amor divino.
28. Sin embargo, os recuerdo que, aun cuando vuestra alma haya alcanzado la grandeza, el poder y la sabiduría, no se volverá omnipotente, pues sus cualidades no son infinitas como lo son en Dios. No obstante, serán suficientes para llevaros a la cima de vuestra perfección por el camino recto que el amor de vuestro Creador os ha trazado desde el primer instante. (32, 34, 37)
29. Vuestra alma debe recorrer siete etapas de desarrollo espiritual para alcanzar su perfección. Hoy, mientras aún vivís en la Tierra, no sabéis en qué peldaño de la escalera celestial os encontráis.
30. Aunque conozco la respuesta a esta pregunta de vuestra alma, no puedo revelárosla por el momento. (133, 59-60)
31. Cada peldaño, cada escalón, cada nivel de vida ofrece al alma una luz mayor y una bienaventuranza más perfecta. Pero la paz suprema, la felicidad perfecta del alma, está más allá de todas las moradas temporales de las almas.
32. Cuántas veces creeréis sentir de antemano la felicidad perfecta en el seno de Dios, sin ser conscientes de que esa felicidad es apenas un anticipo del mundo venidero, adonde debéis ir después de esta vida. (296, 49-50)
33. Cuántos sueñan con morir con la esperanza de que ese momento los lleve hasta Mí, para adorarme entonces eternamente en el Cielo, sin saber que el camino es infinitamente más largo de lo que creían. Para subir tan solo un peldaño de la escalera celestial que los llevará hasta Mí, hay que haber vivido la vida humana de manera correcta. La ignorancia es la culpable de que muchos malinterpreten el sentido de mis enseñanzas. (164, 30)
34. Por culpa del hombre se desataron las fuerzas de la destrucción. La guerra ha sembrado su semilla en todos los corazones. ¡Cuánto dolor ha sufrido la humanidad! ¡Cuánta desolación, miseria, orfandad y dolor ha dejado a su paso! ¿Creéis que las almas de aquellos que han caído en la lucha han perecido, o que esa parte de la vida, la eternidad, que habita en el hombre, ya no existe?
35. No, pueblo: el alma sobrevive a la guerra y a la muerte. Esa parte de mi propio espíritu se ha levantado de los campos del dolor y busca en mi camino un nuevo horizonte para seguir viviendo, desarrollándose y evolucionando. (262, 26-27)
36. Os he dado la Tierra para que todos la poseáis por igual, para que viváis en paz y la utilicéis como morada temporal en la que desarrolléis vuestras capacidades y preparéis vuestra alma para ascender a su nuevo hogar.
37. Os he dicho: «En la casa del Señor hay muchas moradas». Las iréis conociendo a medida que os elevéis. Cada una de ellas os acercará a Mí en grado creciente, y las alcanzaréis según vuestras obras, pues todo está sometido a un orden y una justicia divinos.
38. Nadie podrá impedir vuestro paso de un plano de vida a otro, y al final de cada uno de ellos habrá júbilo y festividad en vuestro espíritu y también en el mío.
39. Así os preparo para que sepáis que el camino que debéis recorrer es largo, y no os conforméis con vuestras primeras obras, pensando que ya os abrirán la puerta a esos hogares.
40. Pero también os digo esto: que es hermoso y satisfactorio para un espíritu llegar al final de una etapa de desarrollo y detenerse para mirar atrás, al camino recorrido con sus grandes luchas, sus días de amargura y sus horas de paz, después de haber superado los innumerables obstáculos.
41. Por fin, el triunfo, la recompensa y la justicia que resplandecen a vuestro alrededor, y el Espíritu de vuestro Padre —presente, glorioso—, bendiciendo al hijo d o y dejándolo descansar en su seno hasta que esté preparado para su siguiente etapa de vida. Así pasa de una a otra, hasta que finalmente alcanza la plenitud suprema para morar eternamente conmigo. (315, 34-36)
42. La chispa espiritual que hace al hombre semejante a su Creador se acercará cada vez más a la llama infinita de la que surgió, y esa chispa será un ser luminoso —consciente, resplandeciente de amor, lleno de conocimiento y de fuerza. Ese ser se regocija en el estado de perfección, en el que no existe el más mínimo dolor ni la más pequeña necesidad, en el que reina la felicidad perfecta y verdadera.
43. Si este no fuera el objetivo de vuestro espíritu —en verdad os digo—, no os habría dado a conocer mi enseñanza a través de tantas instrucciones, pues entonces la Ley del «Primer Tiempo» os habría bastado para vivir en paz en la Tierra.
44. Pero si pensáis que Yo viví entre los hombres y les prometí un mundo infinitamente mejor más allá de esta vida, y si además recordáis que prometí volver en otro tiempo para seguir hablándoles y explicarles todo lo que no habían comprendido, llegaréis a la conclusión de que el destino espiritual del hombre es más elevado, mucho más elevado que todo lo que podéis esperar, y que la bienaventuranza prometida es infinitamente mayor de lo que podéis intuir o imaginar. (277, 48-49)

