es-Capítulo 30 - El desarrollo del alma a través de las reencarnaciones

La ley del desarrollo
1. Os digo que el hombre debe saber que su alma ha venido muchas veces a la Tierra y que aún no ha sabido ascender por el camino de mi ley para alcanzar la cima de la montaña. (77, 55)
2. Puesto que el hombre ha sido testigo del desarrollo de la ciencia y del descubrimiento de lo que antes no habría creído, ¿por qué se resiste entonces al desarrollo natural del alma? ¿Por qué se aferra a lo que la paraliza y la adormece? ¡Porque ha rehuido la perspectiva de la vida eterna! (118, 77)
3. Comprendan: aunque la Creación parezca estar concluida, todo se desarrolla, todo se transforma y se perfecciona. ¿Acaso puede vuestra alma sustraerse a esta ley divina? No, hijos míos. Nadie puede tener la última palabra sobre lo espiritual, sobre la ciencia o sobre la vida, pues son obras mías que no tienen fin. (79, 34)
4. Cuántas personas creen poseer grandeza espiritual a causa del conocimiento que han adquirido, y sin embargo, para Mí no son más que unos niños que se han quedado estancados en el camino del desarrollo. Pues deben tener en cuenta que no es solo el desarrollo de su inteligencia lo que les permite alcanzar la evolución ascendente de su alma, sino que debe ocurrir a través del desarrollo de la totalidad de su ser, y hay muchas capacidades en el ser humano que deben desarrollarse para alcanzar la perfección.
5. Esa es la razón por la que Yo —como una de mis leyes de amor y justicia— instituí la reencarnación del alma, para concederle un camino más largo que le ofrezca todas las oportunidades necesarias para alcanzar su perfeccionamiento.
6. Cada existencia terrenal es una breve lección, pues de lo contrario serían demasiado escasas las oportunidades del hombre para cumplir mi ley. Pero es imprescindible que reconozcáis el objetivo de esta vida, para que de él captéis el sentido y alcancéis su armonía, que es la base de la perfección humana —para que podáis avanzar hacia un plano de existencia superior, hasta llegar a la vida espiritual, donde tengo preparadas para vosotros tantas lecciones que aún debo enseñaros, y tantas revelaciones que aún tengo que daros. (156, 28-29)
7. Mientras todo crece, se transforma, se perfecciona y se desarrolla sin cesar, ¿por qué habría de permanecer vuestra alma estancada durante siglos?
8. Puesto que a través de la ciencia habéis descubierto y aprendido muchas cosas, no os es desconocido el desarrollo incesante que existe en todos los seres de la Creación. Por eso quiero que comprendáis que no debéis dejar a vuestra alma en ese atraso y en ese estancamiento en que la habéis sumido desde hace mucho tiempo, y que debéis esforzaros por alcanzar la armonía con todo lo que os rodea, para que llegue un día en que la naturaleza, en lugar de ocultar sus secretos, los revele, y en lugar de que las fuerzas de la naturaleza os sean enemigas, se conviertan en servidoras, colaboradoras, hermanas. (305, 6, 8)
La «resurrección de la carne» —bien entendida
9. Ahora el mundo debe conocer la verdad sobre la «resurrección de la carne», que es la reencarnación del alma.
10. Reencarnarse significa: regresar al mundo material para renacer de nuevo como ser humano; el resurgimiento del alma en un cuerpo humano para continuar su misión. Esta es la verdad sobre la «resurrección de la carne» de la que hablaron vuestros antepasados, aunque dieron interpretaciones tan retorcidas como absurdas.
11. La reencarnación es un don que Dios ha concedido a vuestra alma para que nunca se limite a la miseria de la materia, a su existencia fugaz en la Tierra, a sus insuficiencias naturales, sino que el alma —puesto que procede de una naturaleza superior— pueda utilizar tantos cuerpos materiales como necesite para llevar a cabo sus grandes tareas en el mundo.
12. Mediante este don, el alma demuestra su inconmensurable superioridad sobre la «carne», sobre la muerte y sobre todo lo terrenal, al vencer a la muerte, un cuerpo tras otro, y sobrevivir a todos ellos, por muchos que le hayan sido confiados. Es vencedora del tiempo, de las resistencias y de las tentaciones. (290, 53-56)
13. ¿Cómo habéis podido creer que en el día del Juicio resucitarán los cuerpos de los muertos y se unirán a sus almas para entrar en el Reino de Dios? ¿Cómo podéis interpretar de esta manera lo que se os ha enseñado en otros tiempos?
14. La carne es de este mundo, y en él permanece, mientras que el alma se eleva libremente y regresa a la vida de la que procedió. «Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace de mi Espíritu es Espíritu». La «resurrección de la carne»* es la reencarnación del alma, y si algunos creen que esto es una teoría humana, y otros de vosotros creéis que es una nueva revelación —en verdad os digo que desde el principio de la humanidad he comenzado a dar a conocer al mundo esta revelación! La prueba de ello la podéis encontrar en el texto de las Escrituras, que son testimonio de mis obras.
* Esta expresión, conocida por el antiguo Credo cristiano, fue formulada en el II Concilio de Constantinopla, es decir, en una época en la que la doctrina de la reencarnación, hasta entonces parcialmente reconocida, fue condenada como herejía por el emperador Justiniano (!). Así, el renacimiento del alma en la «carne» se convirtió en la «resurrección de la carne».
15. Pero en esta época esta revelación ha llegado a vuestra alma, mientras se encontraba en un nivel superior de desarrollo, y pronto será aceptada, con toda justicia, como una de las leyes más justas y amorosas del Creador. Rechacad la idea que teníais del «Día del Juicio», pues no es uno de vuestros días, ya que es un lapso de tiempo, y el «fin del mundo» no es el del planeta en el que vivís, sino el fin de la vida egoísta que habéis creado en él. (76, 41-43)
16. El misterio de la «resurrección de la carne» quedó esclarecido con la revelación de la reencarnación del alma. Hoy sabéis que el sentido de esta ley de amor y justicia es que el alma se perfeccione , que nunca se pierda, porque siempre encontrará una puerta abierta como oportunidad para su salvación, que el Padre le ofrece.
17. Mi veredicto sobre cada alma, basado en esta ley, es perfecto e implacable.
18. Solo Yo sé juzgaros, porque cada destino es incomprensible para los hombres. Por eso, nadie será expuesto ni traicionado ante los demás.
19. Después de que las almas se hayan extraviado en sus pecados, tras tantas luchas y vicisitudes y tras un largo vagar, vendrán a Mí llenas de sabiduría gracias a sus experiencias, purificadas por el dolor, elevadas por sus méritos, cansadas de la larga peregrinación, pero sencillas y alegres como niños. (1, 61-64)
Los distintos grados de desarrollo de las almas
20. Hace mucho tiempo que vuestra alma surgió de Mí; sin embargo, no todos han avanzado de la misma manera en el camino del desarrollo espiritual.
21. Todos los destinos son diferentes, aunque os lleven al mismo objetivo. A unos les están reservadas unas pruebas, a otros otras. Una criatura recorre un camino, otra sigue otro. No habéis entrado todos en la existencia en el mismo instante, ni volveréis todos al mismo tiempo. Unos caminan delante, otros detrás, pero la meta os espera a todos. Nadie sabe quién está cerca de él o quién camina lejos de él, porque aún sois demasiado inmaduros para poseer ese conocimiento; sois humanos, y vuestra vanidad os llevaría a la perdición. (10, 77-78)
22. En todas las épocas, incluso en los tiempos remotos de la historia de la humanidad, habéis tenido ejemplos de personas de elevado espíritu. ¿Cómo podríais explicaros que ya en los tiempos más remotos hubiera personas con un alma desarrollada, si esta no hubiera pasado por sucesivas reencarnaciones que les ayudaron a evolucionar hacia lo superior?
23. La razón de ello es que el alma no surge al mismo tiempo que el envoltorio corporal, y el origen de la raza humana tampoco coincide con el de la alma. En verdad os digo que no hay ni una sola alma que haya venido al mundo sin haber existido antes en el más allá. ¿Quién de vosotros puede medir o conocer el tiempo que ha vivido en otras esferas antes de venir a vivir a esta Tierra? (156, 31-32)
El conocimiento de vidas terrenales anteriores y del propio nivel de desarrollo
24. Mientras el alma está estrechamente unida al cuerpo, no reconoce ni puede conocer los méritos que ha adquirido en sus vidas anteriores. Pero ahora descubre que su vida es la eternidad, un desarrollo ininterrumpido en el anhelo de alcanzar la cima. Sin embargo, hoy aún no sabéis qué altura habéis alcanzado. (190, 57)
25. Vuestra mente no capta las impresiones ni las imágenes del pasado de vuestra alma, porque el cuerpo es como un velo denso que no permite penetrar en la vida del alma. ¿Qué cerebro podría asimilar las imágenes e impresiones que el alma ha recibido a lo largo de su pasado? ¿Qué inteligencia podría comprender, en relación con las concepciones humanas, lo que para ella es incomprensible?
26. Por todo ello, hasta ahora no os he permitido saber quiénes sois espiritualmente, ni cómo fue vuestro pasado. (274, 54-55)
27. Todas mis obras están escritas por Mí en un libro que se llama «Vida». El número de sus páginas es incontable, y su sabiduría infinita no podrá ser alcanzada por nadie, salvo por Dios, su autor. Pero en él, en cada una de sus páginas, hay un breve resumen en el que el Padre ha presentado de forma comprensible cada una de sus obras, para que sea comprensible para cualquier capacidad intelectual.
28. También vosotros escribís constantemente en el libro de vuestra vida, en el que quedarán consignadas todas vuestras obras y todos vuestros pasos a lo largo de todo el camino evolutivo. Ese libro quedará escrito en vuestra alma y será luz de conocimiento y de experiencia, con la que mañana debéis iluminar el camino de vuestros hermanos menores.
29. Todavía no podéis mostrar vuestro libro a nadie, porque ni siquiera conocéis su contenido. Pero pronto se hará luz en vuestro ser, y podréis mostrar a vuestros semejantes las páginas que hablan de vuestro desarrollo, de vuestra expiación y de vuestras experiencias. Entonces seréis un libro abierto para los hombres.
30. Bienaventurados aquellos que hacen suya su misión. Sentirán que ascienden por la escalera que Jacob vio en sueños, que es el camino espiritual que conduce a los seres hasta la presencia del Creador. (253, 6-8)
El amor como necesidad para el desarrollo espiritual y anímico
31. Así como vuestro cuerpo, para vivir, necesita aire, sol, agua y pan, también el alma necesita el entorno vital, la luz y el alimento que corresponden a su naturaleza. Si se ve privada de la libertad de elevarse en el anhelo de su alimento, se debilita, se marchita y se embotará; como si se obligara a un niño a permanecer siempre en su cuna y a estar encerrado en su habitación. Sus miembros se paralizarían, palidecería, sus sentidos se embotarían y sus capacidades se atrofiarían.
32. ¡Reconoced que también el alma puede ser coja! ¡Podría incluso deciros que el mundo está lleno de cojos, ciegos, sordos y enfermos del alma! El alma que vive encerrada y sin libertad para desarrollarse es un ser que no crece —ni en sabiduría, ni en fuerza, ni en virtud. (258, 62-63)
33. En verdad os digo que lo que puede elevaros es el amor, porque en él residen la sabiduría, el sentimiento y la elevación. El amor es un resumen de todas las cualidades de la Divinidad, y Dios ha encendido esta llama en cada criatura espiritual.
34. ¡Cuántas lecciones os he dado para que aprendáis a amar! ¡Cuántas oportunidades, vidas y reencarnaciones os ha concedido la Divina Misericordia! La lección se repitió tantas veces como fue necesario hasta que se aprendió. Una vez cumplida, no hay motivo para repetirla, pues tampoco puede olvidarse ya.
35. Si aprendierais rápidamente mis lecciones, ya no tendríais que sufrir ni llorar por los errores. Un ser que aprovecha en la Tierra las lecciones que ha recibido en ella puede volver al mundo, pero siempre lo hará con mayor madurez y en mejores condiciones de vida. Entre una vida y la siguiente siempre habrá un descanso, necesario para reflexionar y descansar antes de comenzar la nueva jornada. (263, 43-45)
Diferentes motivos para las reencarnaciones
36. En verdad os digo que en ninguna época de la vida humana le ha faltado al hombre el conocimiento de mi Ley; pues de la chispa divina que es su espíritu, nunca le ha faltado un rayo de luz en su alma, una inspiración en su entendimiento o un presentimiento en su corazón.
37. Sin embargo, vuestra alma ha regresado al más allá con un velo oscuro sobre los ojos, y os digo: quien no aproveche la lección que encierra la vida en este mundo, en este valle de pruebas, deberá volver a él para completar su reparación y, sobre todo, para aprender. (184, 39)
38. En otros mundos, las almas disfrutan igualmente del libre albedrío y pecan y se descarrían, o permanecen perseverantes en el bien y logran así desarrollarse hacia lo superior, tal como lo hacéis vosotros en la Tierra. Pero cuando llega el momento predestinado, aquellos que están destinados a vivir en este mundo descienden a él para cumplir una noble tarea, y otros, para cumplir con su deber de expiación.
39. Pero según cómo quieran ver esta Tierra, a unos se les presentará como un paraíso y a otros como un infierno. Por eso, cuando comprenden la misericordia de su Padre, solo ven una vida maravillosa, sembrada de bendiciones y lecciones de vida para el espíritu —un camino que los acerca a la Tierra Prometida.
40. Unos se van de este mundo con el deseo de volver, otros lo hacen con el temor de tener que volver. La razón de ello es que vuestra naturaleza humana aún no ha sido capaz de comprender la armonía en la que debéis vivir con el Señor. (156, 33-34)
41. Que nadie se rebele ante la idea de tener que regresar a este planeta en otro cuerpo, ni penséis que la reencarnación es un castigo para el alma. Todas las almas destinadas a vivir en la Tierra han tenido que atravesar la ley de la reencarnación para poder alcanzar su evolución superior y llevar a cabo la tarea que Yo les he confiado.
42. No solo las almas poco desarrolladas deben encarnar de nuevo; también las almas elevadas regresan una y otra vez hasta que hayan completado su obra.
43. Elías es el más grande de los profetas que ha venido a la Tierra; pero a pesar de las grandes obras que realizó y de las grandes pruebas que aportó (de que Dios existe), tuvo que volver a este mundo en otra época, en otro cuerpo y con otro nombre.
44. Esta ley del amor y la justicia fue desconocida para los hombres durante mucho tiempo, pues si la hubieran conocido antes, podrían haber caído en la confusión. Sin embargo, el Padre os dio algunas revelaciones y algunas señales que fueron la luz que precedió a este tiempo para esclarecer todos los misterios. (122, 25-28)
El camino hacia la perfección
45. Largo es el camino por el que llegaréis a la plenitud de la luz. Ningún ser tiene un camino más largo que el del alma, en el que el Padre, el Escultor Divino, que moldea y alisa vuestra alma, le da la forma perfecta. (292, 26)
46. En verdad os digo: para que alcancéis la pureza total, vuestra alma tendrá que purificarse aún mucho, en este mundo y en el mundo espiritual.
47. Tantas veces como sea necesario para vosotros, tendréis que regresar a este planeta, y cuanto más a menudo dejéis sin aprovechar las oportunidades que vuestro Padre os concede, tanto más retrasaréis vuestra entrada definitiva en la vida verdadera y prolongaréis vuestra estancia en el valle de lágrimas.
48. Cada alma debe demostrar en cada existencia terrenal el progreso y los frutos de su desarrollo, dando cada vez un paso firme hacia adelante.
49. Sed conscientes de que el único bien que redunda en vuestro propio beneficio es aquel que se hace por verdadero amor y misericordia hacia los demás, y de manera desinteresada. (159, 29-32)
50. En el ser humano hay dos fuerzas que siempre están en lucha: su naturaleza humana, que es perecedera, y su naturaleza espiritual, que es eterna.
51. Este ser eterno sabe muy bien que deben transcurrir largos períodos de tiempo para que pueda alcanzar su perfección espiritual. Intuye que deberá vivir muchas vidas humanas y que en ellas deberá pasar por muchas pruebas antes de alcanzar la verdadera felicidad. El alma intuye que, tras las lágrimas, el dolor y después de haber pasado muchas veces por la muerte física, llegará a esa cima que siempre ha buscado en su anhelo de perfección.
52. El cuerpo, en cambio, esa cosa frágil y pequeña, llora, se rebela y a veces se niega a seguir las llamadas del alma, y solo cuando esta se ha desarrollado, es fuerte y tiene experiencia en la lucha contra la «carne» y todo lo que la rodea, logra dominar el cuerpo y manifestarse a través de él.
53. Largo es el peregrinaje del alma, amplio su camino, múltiples y muy variadas sus formas de existencia, y todos los instantes son pruebas de diversa índole. Pero mientras las supera, se eleva, se purifica, se perfecciona.
54. En su camino por la vida deja tras de sí un rastro de luz; por eso, a menudo, a la alma elevada no le importan los gemidos de su cuerpo, porque sabe que son pasajeros y que no debe dejarse detener en su viaje por acontecimientos que le parecen insignificantes.
55. Por un instante dirige su atención a las debilidades de su «carne», pero sabe que no debe amar demasiado algo que vive solo un breve tiempo y pronto desaparece en las entrañas de la tierra. (18, 24; 27-28)
La escuela universal de la vida
56. Desde los albores de la humanidad existe la reencarnación del alma como una ley de amor y justicia y como una de las formas en que el Padre ha demostrado su infinita misericordia. La reencarnación no es solo cosa de este tiempo, sino de todos los tiempos, y tampoco debéis pensar que os he revelado este misterio solo ahora. Ya en los tiempos más remotos existía en el hombre el conocimiento intuitivo de la reencarnación del alma.
57. Pero los hombres, que aspiraban a las ciencias materialistas y a los tesoros del mundo, se dejaron dominar por las pasiones de la carne, con lo cual se endurecieron aquellas fibras del corazón humano con las que se percibe lo espiritual, de modo que los hombres se volvieron sordos y ciegos a todo lo que pertenece al espíritu. (105, 52)
58. Antes de vuestra creación estabais en Mí; después, como criaturas espirituales, estabais en el lugar donde todo vibra en perfecta armonía, donde está la esencia de la vida y la fuente de la verdadera luz, de la que os alimento.
59. El dolor no fue creado por el Padre. En los tiempos de los que os hablo, no teníais motivo para suspirar, no teníais de qué quejaros, sentíais el cielo en vuestro interior, pues en vuestra vida perfecta erais el símbolo de esta existencia.
60. Pero cuando abandonasteis aquel hogar, vestí a vuestro espíritu con un manto, y caísteis cada vez más hondo. A partir de entonces, vuestra alma se desarrolló paso a paso, hasta llegar al plano de la existencia en el que ahora os encontráis y donde resplandece la luz del Padre. (115, 4-5)
61. El objetivo de toda alma es, tras su purificación y perfeccionamiento, fundirse con la Divinidad*. Para ello inundo vuestro camino de luz y doy fuerza a vuestra alma, para que ascendáis escalón a escalón. Según el nivel de desarrollo que hayáis alcanzado al abandonar este mundo, así será la morada espiritual que habitaréis en el más allá. Porque el universo fue creado como una escuela de perfeccionamiento para el alma. (195, 38)
* Para más detalles al respecto, véanse, entre otros, los pasajes del cap. 23,69 y del cap. 58, 46.
62. Si os hubiera dado todo en esta vida, ya no tendríais ningún deseo de ascender un peldaño más. Pero lo que no habéis alcanzado en una existencia, lo buscáis en otra, y lo que no lográis en aquella, os lo promete otra más elevada, y así continúa paso a paso por toda la eternidad en el camino infinito del desarrollo del alma.
63. Cuando escucháis mi palabra, os parece imposible que vuestra alma sea capaz de alcanzar una perfección tan grande; pero os digo que solo ponéis en duda el alto destino del alma porque solo contempláis lo que veis con vuestros ojos materiales: miseria, ignorancia, maldad. Pero esto se debe únicamente a que en unos el alma está enferma, en otros está paralizada; otros están ciegos y algunos están espiritualmente muertos. Pero ante tal miseria anímica, no podéis sino dudar del destino que la eternidad os tiene reservado.
64. Así vivís en esta época de amor al mundo y al materialismo. Pero ya la luz de mi verdad ha llegado a vosotros y ha disipado la oscuridad de la noche de un tiempo que ya ha pasado, y con su aurora ha anunciado la llegada de una era en la que el alma recibirá la iluminación a través de mi enseñanza. (116, 17-18)
65. Muchos de vosotros no tendréis una nueva oportunidad de regresar a la Tierra para reparar allí vuestras faltas. Ya no poseeréis ese instrumento que hoy tenéis y que es vuestro cuerpo, en el que os apoyáis. Debéis comprender que venir al mundo es para el alma un privilegio, nunca un castigo. Por eso debéis aprovechar esta gracia.
66. Tras esta vida iréis a otros mundos para recibir nuevas lecciones, y allí encontraréis nuevas oportunidades para seguir ascendiendo y perfeccionándoos. Cuando hayáis cumplido con vuestros deberes como seres humanos, abandonaréis este mundo con satisfacción, porque habréis cumplido vuestra tarea, y habrá paz en vuestra alma. (221, 54-55)
67. Mi voz convoca en estos momentos a grandes multitudes, porque para muchas almas se acerca el final de su peregrinaje en la Tierra.
68. Ese abatimiento, ese desagrado, esa tristeza que llevan en el corazón son prueba de que ya anhelan un hogar más elevado, un mundo mejor.
69. Pero es necesario que vivan la última etapa que recorren en el mundo en obediencia a las indicaciones de su conciencia, para que la huella de sus últimos pasos en la Tierra sea bendita para las generaciones que vendrán después de ellos a cumplir sus diversas tareas en el mundo. (276, 4)
70. Este mundo no es eterno, ni necesita serlo. Cuando este hogar ya no cumpla el propósito de existencia que ahora tiene, desaparecerá.
71. Cuando vuestra alma ya no necesite las lecciones que esta vida aquí imparte, porque le esperan otras más elevadas en otro mundo, entonces, gracias a la luz alcanzada en esta lucha terrenal, dirá: «¡Con qué claridad comprendo ahora que todos los altibajos de esta vida no fueron más que experiencias y lecciones que necesitaba para comprender mejor! ¡Cuán largo me pareció aquel viaje de la vida, mientras los sufrimientos me oprimían! Ahora, en cambio, que todo ha pasado, ¡cuán breve y fugaz me parece ante la eternidad!» (230, 47)
72. ¡Alégrense, hombres, piensen que son aves voladoras en este mundo lleno de lágrimas, miserias y sufrimientos! ¡Alégrense, pues no es su patria para la eternidad, mundos mejores les esperan!
73. Así pues, cuando os separéis de esta tierra, hacedlo sin remordimientos; entonces los suspiros de dolor, las penurias y las lágrimas se quedarán aquí. Os despediréis de este mundo y os elevaréis hacia aquellos que os esperan en las alturas celestiales. Desde allí veréis la Tierra como un punto en el espacio, al que recordaréis con amor. (230, 51)
El poder de convicción de la doctrina de la reencarnación
74. La luz del espiritismo revela ahora al mundo la verdad, la justicia, la razón y el amor que son inherentes a la capacidad del alma para la reencarnación. Sin embargo, el mundo combatirá obstinadamente esta revelación al principio y le dará la apariencia de una doctrina extraña y falsa, para infundir desconfianza en las personas de buena fe.
75. Inútiles y vanos serán los esfuerzos que hagan las confesiones religiosas por mantener a sus fieles en los surcos de viejas concepciones y sistemas de fe anticuados. Porque nadie podrá detener la Luz Divina, que penetra hasta lo más profundo del pensamiento humano y despierta el alma para una era de revelaciones, de inspiraciones divinas, de esclarecimiento de dudas y misterios, de liberación espiritual.
76. Tampoco podrá nadie detener la marea que formará la humanidad cuando se ponga en marcha en su anhelo de libertad de pensamiento, de espíritu y de fe. (290, 57-59)
Los caminos de la reencarnación de un alma
77. Llamo a todos los peregrinos de la Tierra para que escuchen mi voz, que los invita al desarrollo ascendente y a la posesión de la vida eterna.
78. En este día en que se manifiesta la «Palabra Divina», aprovechad su Palabra y dejad que os ilumine; pues en el conocimiento está la luz y vuestra salvación.
79. Si mi Ley os enseña la moral, la rectitud y el orden en todas las acciones de vuestra vida, ¿por qué buscáis caminos opuestos que os causan dolor? Sin embargo, cuando partís hacia el más allá y dejáis vuestro cuerpo en la Tierra, lloráis porque habéis amado demasiado ese envoltorio.
80. Cuando sentís que el cuerpo ya no os pertenece y que debéis avanzar en el camino del desarrollo hasta llegar a Mí, os digo: «Hijo mío, ¿qué tienes que mostrarme? ¿Has vivido en la Tierra cumpliendo Mis mandamientos?».
81. Vosotros, sin embargo —avergonzados y desanimados, porque no tenéis ningún regalo de amor para Aquel que tanto os ama y os ha concedido tanto—, habéis forjado cadenas que oprimen a vuestra alma, y ella aparece sin luz, llora y se lamenta de sí misma, porque ha perdido la gracia. Solo oye la voz del Padre que la llama. Pero como no se ha desarrollado y tampoco se siente digna de acudir a Él, se detiene y espera.
82. El tiempo pasa, y el alma vuelve a oír la voz, y llena de su dolor pregunta quién le habla, y esa voz le dice: «¡Despierta! ¿No sabes de dónde has venido y adónde vas?». Entonces alza los ojos, ve una luz inmensamente grande, ante cuyo resplandor se siente miserable. Se da cuenta de que, antes de haber sido enviada a la tierra, ya existía, ya era amada por el Padre, de quien procedía la voz y quien ahora, al verla en ese lamentable estado, siente dolor por ella. Se da cuenta de que ha sido enviada a diversos hogares para recorrer el camino de la lucha y obtener su recompensa por sus méritos.
83. Y el niño pregunta: «Si antes de ser enviado a la Tierra fui Tu criatura muy amada, ¿por qué no permanecí firme en la virtud y tuve que caer, sufrir y esforzarme para volver a Ti?».
84. La Voz le respondió: «Todas las almas han sido sometidas a la ley del desarrollo, y en este camino mi Espíritu Padre las protege siempre, y Él se complace en las buenas obras de los hijos. Sin embargo, os he enviado a la Tierra para que la convirtáis en un campo de batalla para el perfeccionamiento espiritual, no en un campo de batalla de la guerra y el dolor.
85. Os he dicho que os multipliquéis, que no seáis infructuosos. Pero cuando regresáis al «Valle Espiritual», no traéis cosecha alguna, solo os quejáis y venís sin la gracia con la que os había dotado. Por eso os envío de nuevo y os digo: «Purificaos, buscad lo que habéis perdido y ganáos vuestro ascenso espiritual».
86. El alma regresa a la Tierra, busca un cuerpo humano pequeño y delicado para descansar en él y comenzar el nuevo viaje de la vida. Encuentra el pequeño cuerpo de niño que le ha sido asignado y lo utiliza para expiar sus transgresiones contra mi Ley. Con conocimiento de la causa, el alma viene a la Tierra; sabe que es aliento del Padre y conoce la misión que trae de Él.
87. En los primeros años es inocente y conserva su pureza, permanece en conexión con la vida espiritual. Después comienza a conocer el pecado, ve de cerca el orgullo, la soberbia y la rebeldía de los hombres frente a las justas leyes del Padre, y la «carne», rebelde por naturaleza, comienza a mancharse con el mal. Caída en la tentación, olvida la misión que trajo a la Tierra y se dispone a realizar obras contrarias a la ley. El alma y el cuerpo prueban los frutos prohibidos, y cuando han caído en la perdición, les sorprende la hora final.
88. De nuevo se encuentra el alma en el espacio de la vida espiritual, agotada y abatida por el peso de su culpa. Entonces recuerda la voz que una vez le habló y que aún la llama, y después de haber derramado muchas lágrimas, pues se siente perdida, sin saber quién es, recuerda que ya ha estado antes en aquel lugar.
89. El Padre, que la creó con tanto amor, se le aparece en su camino y le dice: «¿Quién eres, de dónde vienes y adónde vas?».
90. El niño reconoce en esa voz la palabra de Aquel que le dio el ser, la inteligencia y las facultades: el Padre, que una y otra vez le perdona, le purifica, le saca de las tinieblas y le conduce a la luz. Tiembla, pues sabe que se encuentra ante el Juez, y dice: «Padre, mi desobediencia y mi culpa ante Ti son muy grandes, y no puedo esperar vivir en Tu Reino, pues no tengo méritos. Hoy, al haber regresado al "Valle Espiritual", veo que solo he acumulado culpa, que debo expiar».
91. Pero el Padre amoroso le muestra una vez más el camino; vuelve a la carne y vuelve a pertenecer a la humanidad.
92. Pero ahora el alma ya experimentada somete el envoltorio físico con mayor fuerza para imponerse y obedecer a los mandamientos divinos. Comienza la lucha; combate los pecados que hacen caer al hombre y quiere aprovechar la oportunidad que se le ha concedido para su redención. El hombre lucha desde el principio hasta el final, y cuando las canas brillan en sus sienes y su cuerpo, antes resistente y fuerte, comienza a doblegarse bajo el peso de los años y pierde fuerzas, el alma se siente fuerte, más madura y experimentada. ¡Cuán grande y repugnante le parece el pecado! Se aleja de él y alcanza la meta. Ahora solo espera el momento en que el Padre la llame, pues ha llegado a la conclusión de que la Ley Divina es justa y la voluntad de Dios perfecta, que este Padre vive para dar vida y salvación a sus hijos.
93. Cuando llegó el último día, sintió la muerte en su carne y no sintió dolor alguno. Partió en silencio y con devoción. Se vio a sí misma en espíritu y, como si tuviera un espejo ante sí, se contempló hermosa y resplandeciente de luz. Entonces la voz le habló y le dijo: «Hija, ¿adónde vas?». Y ella, que sabía quién era Él, se acercó al Padre, dejó que su luz inundara su ser y dijo así: «Oh Creador, oh Amor que todo lo abarca, vengo a Ti para descansar y entregarte la plenitud».
94. La cuenta estaba saldada, y el alma estaba sana, pura y libre de las cadenas del pecado, y veía ante sí la gran recompensa que le esperaba.
95. Después sintió que se fundía con la luz de aquel Padre, que su felicidad aumentaba, y vislumbró un lugar de paz, una tierra santa, sintió un profundo silencio y «descansó en el seno de Abraham». (33, 14-16)

