es-Capítulo 32 - Encarnación, naturaleza y misión del ser humano

13.04.2024

VIII. El ser humano

La encarnación en la Tierra 

1. Lloráis cuando uno de los vuestros parte hacia el «valle espiritual», en lugar de sentiros llenos de paz, porque comprendéis que aquel se acerca un paso más a su Señor. En cambio, celebráis una fiesta cuando un nuevo ser llega a vuestro hogar, sin pensar en ese momento que esa alma ha venido a la carne para cumplir una expiación en este valle de lágrimas; entonces deberíais llorar por ella. (52, 58)

2. Engendráis hijos de vuestra carne, pero soy Yo quien distribuye las almas entre las familias, las tribus, las naciones y los mundos, y en esta justicia inaccesible para los hombres se revela mi amor. (67, 26)

3. Vivís en el presente y no sabéis lo que he destinado para vuestro futuro. Estoy preparando grandes legiones de seres espirituales que habitarán en la Tierra y traerán consigo una difícil misión, y debéis saber que muchos de vosotros seréis los padres de aquellas criaturas en las que se encarnarán mis mensajeros. Vuestro deber es prepararos interiormente para que sepáis recibirlos y guiarlos. (128, 8)

4. Quisiera hablaros de muchos temas espirituales, pero aún no podéis comprenderlos. Si os revelara a qué tipo de moradas habéis descendido ya a la Tierra, no podríais comprender cómo habéis vivido en tales lugares.

5. Hoy podéis negar que conocéis el «Valle Espiritual», porque a vuestra alma, mientras está encarnada, le es inaccesible su pasado, para que no se vuelva vanidosa ni se sienta abatida, ni se desespere ante su nueva existencia, en la que debe empezar de nuevo como en una nueva vida.

6. Aunque quisierais, no podríais recordar. Solo os permito que conservéis una idea o una intuición de lo que aquí os revelo, para que perseveréis en la lucha de la vida y soportéis de buen grado las pruebas.

7. Podéis dudar de todo lo que os digo, pero en verdad, aquel mundo espiritual fue realmente vuestro hogar mientras fuisteis seres espirituales. Fuisteis habitantes de aquel hogar en el que no conocíais el sufrimiento, en el que sentíais la gloria del Padre en vuestro ser, pues en él no hay mancha.

8. Pero no teníais méritos, y por eso fue necesario que abandonaseis aquel cielo y descendieseis al mundo, para que vuestra alma, mediante su esfuerzo, recuperase aquel reino.

9. Pero os habéis ido hundiendo moralmente cada vez más, hasta que os sentisteis muy alejados de lo Divino y lo Espiritual, vuestro origen. (114, 35-36)

10. Cuando el alma viene a la Tierra, está animada por los mejores propósitos: consagrar su existencia al Padre, complacerle en todo, ser útil a su prójimo.

11. Pero tan pronto como se ve prisionera en el cuerpo, tentada de mil maneras y puesta a prueba en su camino de vida, se debilita, cede a los impulsos de la «carne», sucumbe a las tentaciones, se vuelve egoísta y finalmente se ama a sí misma por encima de todo, y solo por instantes presta oído al Espíritu, donde están escritas la misión y los votos.

12. Mi Palabra os ayuda a recordar vuestro pacto espiritual y a vencer las tentaciones y los obstáculos.

13. Nadie puede decir que nunca se ha desviado del camino que Yo le he trazado. Pero Yo os perdono para que aprendáis a perdonar a vuestros semejantes. (245, 47-48)

14. Se necesita una gran enseñanza espiritual para que el hombre viva en armonía con la voz de su conciencia. Porque, aunque todo está impregnado de amor divino, sabiamente creado para el bien y la felicidad del hombre, la materia que lo rodea en el mundo supone una prueba para el alma desde el momento en que habita un mundo al que no pertenece y se une a un cuerpo cuya naturaleza es diferente a la suya.

15. En esto podéis ver la razón por la que el alma olvida su pasado. Desde el momento en que se encarna en una criatura inconsciente que acaba de nacer y se funde con ella, comienza una vida estrechamente ligada a ese cuerpo.

16. Del espíritu solo permanecen presentes dos cualidades: la conciencia y la intuición; pero la personalidad, las obras realizadas y el pasado permanecen ocultos durante un tiempo. Así lo ha dispuesto el Padre.

17. ¿Qué sería del alma que ha venido de la luz de un hogar elevado para vivir en las miserables circunstancias de este mundo, si recordara su pasado? ¿Y qué vanidades habría entre los hombres si se les revelara la grandeza que existió en su alma en otra vida? (257, 18-19)

La correcta valoración del cuerpo y su guía por el espíritu

18. No solo os digo que purifiquéis vuestra alma, sino también que fortalezcáis vuestro cuerpo, para que las nuevas generaciones que surjan de vosotros sean sanas y sus almas puedan cumplir su difícil misión. (51, 59)

19. Cuidad la salud de vuestro cuerpo, velad por su conservación y su vitalidad. Mi enseñanza os aconseja que tengáis un cuidado amoroso tanto de vuestra alma como de vuestro cuerpo, pues ambos se complementan y se necesitan mutuamente en el difícil cumplimiento de la misión espiritual que se les ha confiado. (92, 75)

20. No le deis a vuestro cuerpo más importancia de la que realmente tiene, ni permitáis que ocupe el lugar que solo le corresponde a vuestra alma.

21. Comprended que el envoltorio corporal no es más que la herramienta que necesitáis para que el alma pueda manifestarse en la Tierra. (62, 22-23)

22. Ved cuán beneficiosa es esta enseñanza para vuestra alma; pues mientras que la materia corporal se acerca un poco más al seno de la tierra con cada día que pasa, el alma, por el contrario, se acerca cada vez más a la eternidad.

23. El cuerpo es el punto de apoyo en el que descansa el alma mientras habita en la Tierra. ¿Por qué permitir que se convierta en una cadena que ata o en una prisión que retiene? ¿Por qué permitir que sea el timón de vuestra vida? ¿Acaso es correcto que un ciego guíe a quien tiene vista? (126, 15-16)

24. Esta enseñanza es sencilla, como todo lo puro y divino, y por eso fácil de comprender. Pero a veces os resultará difícil ponerla en práctica. Los esfuerzos de vuestra alma exigen esfuerzo, renuncia o sacrificio por parte de vuestro cuerpo, y si carecéis de educación o disciplina espiritual, tendréis que sufrir.

25. Desde el principio de los tiempos ha existido la lucha entre el alma y la «carne» en el intento de comprender qué es lo correcto, lo permitido y lo bueno, para llevar una vida acorde con las leyes dadas por Dios.

26. En esta dura lucha os parece como si un poder ajeno y malintencionado os incitara continuamente a dar la espalda a la batalla y os invitara a hacer uso de vuestro libre albedrío para seguir el camino del materialismo.

27. Os digo que no hay mayor tentación que la debilidad de vuestro cuerpo: sensible a todo lo que le rodea; lo suficientemente débil como para ceder; fácil de derribar y seducir. Pero quien ha aprendido a dominar los impulsos, las pasiones y las debilidades del cuerpo, ha vencido la tentación que lleva dentro de sí mismo. (271, 49-50)

28. La Tierra es un campo de batalla, hay mucho que aprender. Si no fuera así, os bastarían unos pocos años de vida en este planeta, y no serías enviado una y otra vez a renacer. No hay caverna funeraria más sombría y oscura para el alma que su propio cuerpo, cuando a éste se adhieren la suciedad y el materialismo.

29. Mi palabra os saca de esta tumba y os da alas para que os elevéis hacia las regiones de la paz y la luz espiritual. (213, 24-25)

El significado y la función del alma, el espíritu y la conciencia en el ser humano

30. El ser humano podría existir sin espíritu, solo mediante la vida corporal animada; pero entonces no sería un ser humano. Poseería alma y carecería de espíritu, pero entonces no podría guiarse a sí mismo, ni sería el ser supremo que, a través del espíritu, conoce la ley, distingue el bien del mal y recibe toda revelación divina. (59, 56)

31. El espíritu debe iluminar al alma, y el alma debe guiar al cuerpo. (71, 9)

32. Mientras que en el mundo unos persiguen la falsa grandeza, otros dicen que el hombre es una criatura insignificante ante Dios, y hay incluso quienes se comparan con el gusano de la tierra. Ciertamente, vuestro cuerpo material puede pareceros pequeño en medio de mi creación, pero para Mí no lo es, debido a la sabiduría y la capacidad con que lo he creado.

33. Pero ¿cómo podéis juzgar la grandeza de vuestro ser basándoos en las medidas de vuestro cuerpo? ¿No sentís en él la presencia del alma? Ella es más grande que vuestro cuerpo, su existencia es eterna, su camino infinito; no sois capaces de reconocer el fin de su desarrollo, tan poco como su origen. No quiero veros pequeños; os creé para que alcanzaseis la grandeza. ¿Sabéis cuándo considero pequeño al hombre? Cuando se ha perdido en el pecado, porque entonces ha perdido su nobleza y su dignidad.

34. Hace ya mucho tiempo que dejasteis de aferraros a Mí, ya no sabéis lo que sois en realidad, porque habéis permitido que en vuestro ser yacen inactivas muchas cualidades, capacidades y dones que vuestro Creador puso en vosotros. Dormís en lo que respecta al alma y al espíritu, y precisamente en sus cualidades espirituales reside la verdadera grandeza del hombre. Vivís como los seres que son de este mundo, porque en él nacen y mueren. (85, 56-57)

35. Con mi palabra de amor os demuestro el valor que vuestro espíritu tiene para Mí. No hay nada en la Creación material que sea más grande que vuestro espíritu: ni el Sol con su luz, ni la Tierra con todas sus maravillas, ni ninguna otra cosa creada es más grande que el espíritu que os he dado, pues es una partícula divina, es una llama que ha surgido del Espíritu Divino.

36. Aparte de Dios, solo los espíritus poseen inteligencia espiritual, conciencia, voluntad y libre albedrío.

37. Por encima del instinto y de los instintos de la «carne» se eleva una luz, que es vuestra alma, y por encima de esta luz, un guía, un maestro y un juez, que es el Espíritu. (86, 68)

38. La humanidad me dice en su materialismo: «¿Existe acaso el reino del Espíritu?». Pero yo os respondo: Oh, incrédulos, vosotros sois el Tomás de la «Tercera Era». Los sentimientos de compasión y misericordia, de ternura, bondad y generosidad no son cualidades del cuerpo, tan poco como lo son los dones de gracia que lleváis ocultos en vuestro interior. Todos esos sentimientos que están grabados en vuestro corazón y en vuestra mente, todas esas capacidades pertenecen al espíritu, y no debéis negarlo. La «carne» es solo una herramienta limitada, pero el espíritu no lo es: es grande, porque es un átomo de Dios.

39. Buscad la morada de vuestro espíritu en el núcleo de vuestro ser y la gran sabiduría en la gloria del amor. (147, 21-22)

40. En verdad os digo que, desde los primeros días de la humanidad, el hombre poseía el conocimiento intuitivo de que llevaba en sí un ser espiritual —una entidad que, aunque invisible, se manifestaba en las diversas obras de su vida.

41. Vuestro Señor os ha revelado de vez en cuando la existencia del espíritu, su naturaleza esencial y su ser oculto. Porque, aunque lo lleváis en vuestro interior, el velo con que os envuelve vuestra materialización es tan denso que no podéis reconocer lo que hay de más noble y puro en vuestro ser.

42. Muchas verdades se ha atrevido el hombre a negar. Sin embargo, la fe en la existencia de su espíritu no figuraba entre lo que más ha combatido, porque el hombre ha sentido y finalmente ha comprendido que negar su espíritu equivaldría a negarse a sí mismo.

43. Cuando el cuerpo humano se degeneró a causa de sus pasiones, sus vicios y el disfrute de los sentidos, se convirtió en una cadena, en una venda oscura, en una prisión y en un obstáculo para el desarrollo del alma. A pesar de ello, al hombre nunca le ha faltado, en sus horas de prueba, una chispa de luz interior que acuda en su ayuda.

44. En verdad os digo que la expresión más elevada y pura del Espíritu es la conciencia, esa luz interior que hace que el hombre sea, entre todas las criaturas que le rodean, el primero, el más elevado, el más grande y el más noble. (170, 56-60)

45. Digo a todo el pueblo que el título más elevado y hermoso que posee el hombre es el de ser «hijo de Dios», aunque sea necesario ganárselo.

46. El sentido de la Ley y de las enseñanzas es revelaros el conocimiento de mi Verdad, para que podáis llegar a ser hijos dignos de ese Padre Divino, que es la perfección suprema. (267, 53)

47. Sabéis que fuisteis creados «a mi imagen y semejanza»; pero cuando lo decís, pensáis en vuestra forma humana. Os digo que mi imagen no está ahí, sino en vuestra alma, la cual —para llegar a ser semejante a Mí— debe perfeccionarse mediante el ejercicio de las virtudes.

48. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, soy la Justicia y el Bien, y todo esto proviene del Amor Divino. ¿Entendéis ahora cómo debéis ser para que seáis «a mi imagen y semejanza»? (31, 51-52)

49. Tenéis un reflejo de lo Divino en vosotros, Yo estoy realmente en vosotros. La inteligencia, la voluntad, las capacidades, los sentidos y las virtudes que poseéis dan testimonio de la naturaleza superior a la que pertenecéis, y son un testimonio vivo del Padre del que procedisteis.

50. A veces, con la desobediencia y el pecado, mancilláis y deshonráis la imagen que de Mí lleváis en vuestro ser. Entonces no os parecéis a Mí; pues no basta con tener un cuerpo humano y un alma para ser imagen del Creador. La verdadera semejanza conmigo reside en vuestra luz y en vuestro amor por todos vuestros prójimos. (225, 23-24)

51. Os creé «a mi imagen y semejanza», y como Yo soy a la vez Tres y Uno, en vosotros existe igualmente esta Trinidad.

52. Vuestro cuerpo material representa a la Creación por su perfecta configuración y armonía. Vuestra alma encarnada es una imagen de la «Palabra» que se hizo hombre para dejar una huella de amor en el mundo de los hombres, y vuestro espíritu es una chispa resplandeciente de la Luz Divina del Espíritu Santo. (220, 11-12)

53. ¿Qué mérito tendría vuestra alma si actuara dentro de un cuerpo sin voluntad y sin inclinaciones propias? La lucha del alma con su envoltura corporal es la de poder contra poder. Allí encuentra la piedra de prueba en la que debe demostrar su superioridad y su grandeza anímica. Es la prueba en la que el alma a menudo ha sucumbido por un instante a las tentaciones a las que el mundo la lleva a través de la «carne». Tan grande es la violencia que estas (tentaciones) ejercen sobre el alma, que finalmente tuvisteis la impresión de que un poder sobrenatural y maligno os arrastraba a la perdición y os arruinaba en las pasiones.

54. ¡Cuán grande es la responsabilidad del alma ante Dios! La carne no ha asumido esa responsabilidad. Mirad cómo descansa para siempre en la tierra cuando llega la muerte. ¿Cuándo adquiriréis méritos para que vuestra alma sea digna de habitar moradas más perfectas que esta en la que vivís?

55. El mundo os ofrece coronas que solo dan testimonio de vanidad, de orgullo y de falsa grandeza. A la alma que sabe pasar por alto estas vanidades le está reservada en el más allá otra corona, la de mi sabiduría. (53, 9-11)

56. La vida debe manifestarse más en el alma que en el cuerpo. Cuántos han vivido ya en este mundo; pero cuán pocos han vivido espiritualmente, han expresado la gracia que existe en cada ser humano, en esa chispa divina que el Creador puso en el hombre.

57. Si los hombres supieran conservar la clarividencia en su espíritu, podrían ver a través de ella su pasado, su presente y su futuro.

58. El espíritu es como mi libro de la Sabiduría Divina. ¡Cuántas cosas contiene! Constantemente tiene algo que revelaros, a veces revelaciones tan profundas que os resultan incomprensibles.

59. Esa chispa de luz que existe en cada ser humano es el vínculo que une al hombre con lo espiritual, es lo que lo pone en contacto con el más allá y con su Padre. (201, 37-40)

60. ¡Ay, si vuestra naturaleza material pudiera asimilar lo que vuestro espíritu recibe a través de su don de clarividencia! Porque vuestro espíritu nunca deja de ver, aunque el cuerpo, debido a su naturaleza material, no perciba nada de ello. ¿Cuándo seréis capaces de comprender a vuestro espíritu? (266, 11)

61. Mientras vosotros, que no amáis la vida porque la llamáis cruel, no reconozcáis el significado del espíritu en el ser humano ni os dejéis guiar por él, no encontraréis nada de verdadero valor.

62. Es el espíritu el que eleva al alma a una vida superior, por encima de la materia y sus pasiones. La espiritualización os hará sentir el gran amor de Dios, si lográis llevarla a cabo. Entonces comprenderéis el sentido de la vida, contemplaréis su belleza y descubriréis su sabiduría. Entonces sabréis por qué la he llamado «vida».

63. ¿Quién se atreverá a rechazar esta enseñanza diciendo que no es cierta, después de haberla conocido y comprendido?

64. Cuando comprendáis que vuestro verdadero valor reside en vuestro espíritu, viviréis en armonía con todo lo creado por vuestro Padre.

65. Entonces el espíritu embellecerá la pobre vida humana; pero antes el hombre debe apartarse de todas las pasiones que lo separan de Dios, para seguir el camino de la justicia y la sabiduría. Entonces comenzará para vosotros la verdadera vida, la vida que hoy contempláis con indiferencia, porque no sabéis lo que despreciáis y no tenéis idea de su perfección. (11, 44-48)

El templo de Dios en el hombre

66. La idea que la humanidad tiene de Mí es infantil, porque no ha sabido comprender las revelaciones que le he dado sin cesar. Para quien sabe prepararse, soy visible y tangible, y estoy presente en todas partes; pero para quien carece de sensibilidad, porque el materialismo lo ha endurecido, es difícil comprender que yo exista, y tiene la sensación de que estoy inmensamente lejos, de que es imposible que pueda ser sentido o visto de alguna manera.

67. El hombre debe saber que me lleva en su interior, que en su alma y en la luz de su espíritu posee la pura presencia de lo Divino. (83, 50-51)

68. El sufrimiento que oprime a los hombres de este tiempo los conduce paso a paso, sin que se den cuenta, ante las puertas del santuario interior, ante el cual —incapaces de seguir adelante— preguntarán: «Señor, ¿dónde estás?». Y desde el interior del templo se oirá la voz bondadosa del Maestro, que les dirá: «Estoy aquí, donde siempre he morado: en vuestro espíritu.» (104, 50)

69. Habéis nacido en Mí. La vida espiritual y la material las habéis recibido del Padre. Y en sentido figurado puedo deciros que, al mismo tiempo que nacisteis en Mí, Yo nací en vosotros.

70. Yo nací en vuestro espíritu, crezco con vuestro desarrollo y me revelo plenamente en vuestras obras de amor, para que digáis llenos de júbilo: «El Señor está conmigo». (138, 68-69)

71. Hoy sois aún niños en el camino del aprendizaje y no siempre podéis comprender correctamente mi enseñanza; pero por ahora hablad a Dios con vuestro corazón, con vuestros pensamientos, y Él os responderá desde lo más profundo de vuestro ser. Su mensaje, que hablará en vuestro espíritu, será una voz clara, sabia y amorosa, que iréis descubriendo poco a poco y a la que más tarde os acostumbraréis. (205, 47)

72. En este «Tercer Tiempo» edificaré en el corazón de mis discípulos la Iglesia del Espíritu Santo. Allí morará el Dios Creador, el Dios fuerte, el Dios que se hizo hombre en el «Segundo Tiempo», el Dios de infinita sabiduría. Él vive en vosotros, pero si queréis sentirlo y escuchar el sonido de su palabra, debéis prepararos interiormente.

73. Quien hace el bien siente mi presencia interiormente, así como aquel que es humilde o ve en cada prójimo a un hermano.

74. En vuestra alma existe el templo del Espíritu Santo. Este recinto es indestructible; no hay tormentas ni huracanes capaces de derribarlo. Es invisible e intocable para la vista humana; sus columnas deben ser el deseo de crecer en el bien. Su cúpula es la gracia que el Padre derrama sobre sus hijos; la puerta es el amor de la Madre Divina; pues todo aquel que llame a mi puerta tocará el corazón de la Madre Celestial.

75. Discípulos, he aquí la verdad que vive en la Iglesia del Espíritu Santo, para que no seáis de los que se extravían por falsas interpretaciones. Las iglesias de piedra no eran más que un símbolo, y de ellas no quedará piedra sobre piedra.

76. Quiero que en vuestro altar interior arda siempre la llama de la fe y que comprendáis que con vuestras obras ponéis los cimientos sobre los que un día descansará el gran santuario. Pongo a prueba a todos los hombres con sus diferentes ideas y actúo sobre ellos, porque a todos los haré partícipes de la edificación de mi templo. (148, 44-48)