La Humildad de Jesús ante su Sacrificio
El peligro de la vanidad
DE_BW - 7 de septiembre de 2026 - Anna Mria Hosta

LVV, vol. 10 – Enseñanza 295: 18-19
18. Discípulo: Cuando el ser humano posee un verdadero conocimiento de las obras que ha realizado, no se deja cegar por la vanidad. Sabe que, si ese sentimiento innoble se infiltrara en su ser, su inteligencia se empañaría y ya no podría avanzar en el camino del desarrollo, sino que se estancaría y se hundiría en el letargo.
19. La vanidad ha arruinado a muchas personas, ha destruido a muchos pueblos florecientes y ha provocado la caída de vuestras culturas.
ETT 28: 64 y ss.
64. Ningún mortal puede imaginarse, en toda su solemnidad, ese momento que todos vosotros debéis vivir para reconocer lo bueno que hay en vosotros, para conservarlo, y también aquello de lo que debéis despojarse, porque ya no podéis retenerlo en el alma.
65. Cuando el alma siente entonces que se enfrenta a su conciencia y esta le recuerda con la claridad de la verdad, ese ser se siente demasiado débil para escucharse a sí mismo; desearía no haber existido nunca; pues en un instante desfilan ante su conciencia toda su vida: aquella que dejó atrás, lo que poseyó y lo que fue suyo, y de lo que ahora, por fin, debe rendir cuentas.
66. Discípulos, hombres, preparaos ya en esta vida para ese momento, para que no convirtáis ese templo en un tribunal cuando vuestra alma se presente ante el umbral del Templo del Espíritu; pues el dolor anímico será entonces tan grande que no habrá dolor físico que se le pueda comparar.
67. Quiero que reflexionéis sobre todo lo que os he dicho en esta enseñanza, para que comprendáis cómo se lleva a cabo vuestro juicio en lo espiritual. Así pues, debéis borrar de vuestro imaginario aquella imagen en la que os imagináis un tribunal presidido por Dios en forma de anciano, que deja pasar a los buenos a su derecha para que disfruten del Cielo, y coloca a los malos a su izquierda para condenarlos a un castigo eterno.

