La Parábola del Paraíso perdido

30.08.2026

La Caída de la Espiritualización y el Descenso hacia las Pasiones inferiores

DE_BW - 30 de agosto de 2026 - Anna Maria Hosta

LVV 10 – E. 288 : 29

29. La vida de los primeros seres humanos estaba envuelta en aquella parábola que os revela cómo el hombre perdió el paraíso de la inocencia en el que vivía, y cómo desdeñó un mundo de contemplación y paz a cambio de un mundo de lucha, trabajo, desarrollo y méritos. Todo ello formaba parte de lo que debía suceder, conforme a los designios del Creador. Ese rechazo era necesario para que el alma despertara a la voz de su conciencia —que es la luz divina en el interior del ser humano— y para que este iniciara su camino, adquiriendo méritos y ascendiendo del plano de vida más profundo al más elevado, el que el Creador ha destinado al alma.

LVV 6 – E. 161 : 7 -10

7. La hermosa parábola del Paraíso, del árbol del conocimiento del bien y del mal, fue revelada a los primeros mediante inspiración. Era un mensaje profundo para los seres humanos de todos los tiempos y de todas las edades. Pero el verdadero sentido de esa enseñanza no fue comprendido por unos y fue tergiversado por otros.

8. De esta incomprensión surgió una disputa que dividió a quienes han estudiado las revelaciones divinas y a quienes se sumergen en la naturaleza. Así estalló la lucha entre aquellos que me buscan con el espíritu y aquellos que lo esperan todo de manera material.

9. ¡Cuán necios fueron aquellos que defendían la opinión de que la ciencia es reprochable a los ojos de Dios! Nunca me he declarado adversario de ella, pues Yo soy el principio y el fin de todas las ciencias. Pero aquellos que hicieron de su ciencia su ley eran materialistas. Para rendir culto a su ciencia, se olvidaron de Dios, Aquel que con su sabiduría divina lo creó todo.

10. ¿Cuál fue el verdadero sentido de aquella parábola que les di a los primeros? Su significado fue explicado por la voz divina, que se hizo notar por primera vez en el hombre a través de su conciencia, para advertirle de las pruebas que la vida le depararía. Era la voz paterna que, con todo su amor, le decía al niño: «Preparaos, velad y orad para que no caigáis en tentación. ¡Tened cuidado! Despertad vuestros sentidos y capacidades para que podáis superar la prueba a la que os he sometido en la lucha del espíritu contra la carne, en la que los valores eternos deben triunfar sobre la miseria del cuerpo efímero. Observad todo lo que os rodea, pero caminad con cuidado para no tropezar. El cuerpo que poseéis y a través del cual percibís todos estos milagros y glorias de la Creación es una criatura débil que debéis guiar mediante el espíritu. No permitáis que os imponga sus deseos e inclinaciones terrenales. Enseñadle a hacer uso únicamente de aquello que sea necesario para cumplir mi Ley.